-:- Siempre hay una luz al final del túnel -:-
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Por El Gato Maya 🐾
En Quintana Roo ya no hace falta magia para desaparecer millones: basta con una buena carpeta, un sello oficial… y mucha, pero mucha, voluntad política para no ver nada.
Porque, según la flamante Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, 215 millones de pesos pueden esfumarse como croqueta en azotea caliente sin que nadie sea responsable.
Así, con la elegancia de un gato que voltea la cara cuando tira el florero, la dependencia que debería perseguir corruptelas decidió exonerar a Yohanet Teodula Torres Muñoz, ex tesorera del sexenio de Carlos Joaquín, acusada de repartir contratos a empresas más fantasma que las promesas de campaña.
La resolución llegó a finales del año pasado, casi cuatro años después. No por lentitud burocrática —no sean mal pensados— sino porque la justicia en Quintana Roo se cocina a fuego lento… tan lento que cuando está lista, ya no queda ni el olor del delito.
Los contratos hablaban de cosas tan etéreas que ni la NASA las entiende:
“balanceo de cargas digitales con disponibilidad del 99%”,
“proyectos de firma electrónica”,
“estudios místicos sobre pobreza”,
“monitoreo de cámaras que nadie vio”.
Servicios tan intangibles que probablemente se entregaron por telepatía.
Pero para la funcionaria anticorrupción, todo está en orden, porque —¡oh milagro legal!— las empresas no estaban oficialmente catalogadas por el SAT como factureras simuladas.
Traducción felina: si no está escrito en una hojita federal, entonces aquí no pasó nada, aunque huela a ratón muerto desde Cancún hasta Chetumal.
¿Investigar vínculos entre empresas?
¿Revisar contratos sin anexos?
¿Confirmar si existían realmente las cámaras que se “monitoreaban”?
No, hombre… eso ya sería trabajo.
Un pequeño detalle sin importancia —según la lógica oficial— es que el mismo personaje, David Herrejón, firmaba contratos por distintas empresas, como si cambiara de camiseta pero jugara siempre en el mismo equipo.
Millones por aquí, millones por allá, contratos repetidos, anexos inexistentes… y aun así, nadie vio nada sospechoso.
Debe ser que en la Secretaría Anticorrupción usan lentes oscuros para protegerse de tanta transparencia.
Y como en toda buena telenovela política, el capítulo del blindaje no podía faltar.
Antes de irse, Carlos Joaquín dejó bien arropada a su ex tesorera: diputación plurinominal, protección institucional y un sistema judicial que parece diseñado más para cuidar funcionarios que para cuidar al ciudadano.
Los intentos de juicio político fueron desechados.
Los amparos, rechazados.
Las denuncias, archivadas.
Y la corrupción… cómodamente instalada.
Hoy, el mensaje queda claro: la impunidad no cambia de partido, sólo de logotipo.
Y como diría el gato maya: cuando “Doña Anticipación”, Reyna Valdivia Arceo Rosado, limpia expedientes sin ensuciarse las manos, exonerando sin investigar un presunto desfalco millonario, no hablamos de torpeza institucional… hablamos de complicidad política con guantes de seda.
Y es que pareciera que en Quintana Roo, robar al erario no es delito grave; es deporte extremo con red de protección incluida.
Aquí los millones no se pierden: se reciclan en silencios oficiales, resoluciones tibias y expedientes dormidos.
Y luego se preguntan por qué la gente desconfía, por qué ruge el hartazgo social y por qué el descrédito institucional crece como gato en azotea con buffet libre.
Mientras tanto, los ciudadanos seguimos pagando impuestos reales… para financiar investigaciones imaginarias.
Porque en este zoológico político, el ratón corre, el gato oficial duerme… y el único que maúlla incómodo sigue siendo este humilde Gato Maya.
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