-:- La transformaci贸n secuestrada -:-
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Por El Gato Maya 馃惥
En Quintana Roo no manda quien gana la elecci贸n. Mandan los que sobreviven a todas las elecciones.
Los que cambiaron de partido como quien cambia de cubrebocas, pero jam谩s soltaron las llaves de:
la obra p煤blica,
los permisos,
los sindicatos,
y los contratos con mo帽o.
Y es contra esa fauna reciclada del poder —no contra la gobernadora— que Jorge Brizuela decidi贸 patear el tablero.
Porque hay que decirlo sin rodeos:
Brizuela no va contra Mara Lezama.
Va contra la lista negra de personajes enquistados en su gabinete y en las estructuras de decisi贸n, los mismos que ya le hicieron da帽o al estado antes y hoy se disfrazan de transformaci贸n.
Y es que Jorge Brizuela, no pertenece al club de los aplaudidores de tercera fila.
Ese se帽or conoce las ca帽er铆as del sistema, los atajos del presupuesto y los pasillos donde se pacta lo que jam谩s se firma.
Por eso incomoda.
Y por eso, casualmente, cada vez que abre la boca, se activa el enjambre.
Porque no es lo mismo criticar desde Facebook que desde adentro del ecosistema pol铆tico donde se mueven operadores, exgobernadores reciclados, regidores multitarea y aspirantes que ya est谩n en campa帽a aunque juren que no.
Eso es lo que no se perdona en pol铆tica:
no el ruido, sino romper el pacto de silencio.
Y es que desde que el empresario solt贸 la lengua, curiosamente empezaron las “charlas cordiales”.
Que si con Isaac Janix,
que si con Filiberto Mart铆nez
que si con Jes煤s Pool,
que si con Luis Fernando Ch谩vez,
que si con Martha Rodr铆guez,
que si con Cecilia Lor铆a,
y hasta llamada telef贸nica con Cristina Torres.
Pura coincidencia, claro.
Todos preocupados por la democracia… y por sus parcelas de poder.
Porque cuando un empresario empieza a hablar como pol铆tico y un pol铆tico empieza a preocuparse como empresario, es que alguien est谩 tocando intereses reales, no discursos de campa帽a.
En Canc煤n el mensaje cay贸 pesado.
Ah铆 donde los mismos grupos de siempre siguen controlando:
constructoras,
transporte,
desarrollos,
y campa帽as anticipadas con dinero que nadie fiscaliza.
Y en el Sur tampoco cantan mal las rancheras: operadores viejos, asesores eternos y bur贸cratas con m谩s vidas que un gato, que sobreviven sexenio tras sexenio pegados a la ubre del presupuesto.
Ese es el ente maquiav茅lico que nadie quiere nombrar: la maquinaria interna que secuestr贸 el proyecto de cambio y lo convirti贸 en franquicia electoral con fines muy privados.
Por eso Brizuela no incomoda por lo que dice, sino por lo que sugiere que sabe.
Y por eso tambi茅n empez贸 el desfile de ataques, rumores, carpetas imaginarias, y campa帽as de lodo reciclado, porque cuando no pueden callarte con acuerdos, te intentan sepultar con sospechas.
Pero aqu铆 hay un dato pol铆tico que no se puede ignorar: Jorge Brizuela no est谩 jugando a la v铆ctima, est谩 jugando al estratega que sabe que el 2027 ya se est谩 cocinando en oficinas, no en plazas p煤blicas.
Mientras algunos suspiran por candidaturas, 茅l est谩 hablando de estructuras, control territorial y operaci贸n real.
Y eso, en pol铆tica, es hablar el idioma del poder, no del romanticismo electoral.
Por eso no es pe贸n.
Y tampoco es carne de ca帽贸n.
Es un actor que ya entendi贸 que el tablero no se gana con discursos, sino con informaci贸n, alianzas y tiempos.
Y cuando un personaje as铆 decide no quedarse callado, el sistema se pone nervioso, los reciclados se incomodan, y los intocables empiezan a cometer errores.
C贸mo dir铆a el Gato Maya: en Quintana Roo no tiemblan cuando alguien grita.
Tiemblan cuando alguien sabe c贸mo funciona la caja registradora del poder y decide voltearla frente al p煤blico.
As铆 que no, esto no es pleito personal, esto es guerra interna por el control de la herencia pol铆tica que viene despu茅s del discurso de la transformaci贸n.
Y en esa guerra, el que conoce las entra帽as del sistema no necesita permiso para convertirse en problema.
Y Brizuela, con todas sus sombras y sus luces, hoy est谩 caminando por la cornisa donde s贸lo caminan los que ya entendieron que la pol铆tica no es un concurso de popularidad, sino una batalla por qui茅n manda de verdad.
Porque en pol铆tica, cuando el gato deja de maullar y empieza a mostrar las garras, no es espect谩culo…
es advertencia.
Que tiemblen los reciclados,
que suden los intocables,
que recen los operadores de doble n贸mina…
Porque cuando el gato empieza a ara帽ar el sof谩, no es por travesura, es porque ya encontr贸 d贸nde se esconden las ratas del poder.